lunes, 26 de mayo de 2008

Parábola del juez malo y la viuda (Lucas 18:1-7)

Aquí vemos un relato que tiene que ver con la oración. Muchos de nosotros optamos por esta actitud de "eso es la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios no se puede cambiar." Creo que nos equivocamos. La actitud que muestra aquí la viuda es la actitud que deberíamos tener tod@s. Pedimos algo y como no se nos da, entonces lo dejamos ahí. Cristo nos dice que tenemos que seguir pidiendo hasta que Dios nos conceda lo que queremos. En ciertas ocasiones lo que pedimos no nos conviene, pero Dios nos contesta de muchas formas para que lo sepamos.

Para saber cómo nos podemos portar delante de Dios en la oración basta con mirar el caso de Abraham y los tres ángeles que vinieron a destruir Sodoma y Gomorra (Genésis 18:16-33). El padre de la fe no se arredró de estar hablando con el mismo Dios para pedirle que no destruyera esos pueblos si había allí gente justa. El Señor le contestó con mucha paciencia a todas sus peticiones, pero el único justo que había en esa región era su sobrino Lot y Dios mandó a dos de sus ángeles a buscarlo con su familia para sacarlos de aquel infierno en el que estaban metidos.

La viuda tiene esa misma característica que Abraham, la persistencia, la perseverancia. Cuando pidamos algo, pidámoslo hasta que Dios nos conteste. Ya vendrá la respuesta, sea negativa o positiva. Y esto también se traduce en la vida ordinaria. La perseverancia en nuestros asuntos nos llevará a conseguir todo lo que nos propongamos. De eso también se trata la fe. Saber que algo que hemos planeado se cumplirá porque seguiremos tratando hasta que lo logremos. Darnos por vencidos al primer intento demuestra que no tenemos ningún interés en que se cumpla.

Tuve un amigo que cortejó por ocho largos meses a una muchacha, que consistentemente le decía que no. Él seguía insistiendo e insistiendo hasta que por fin ella se enamoró de él y fueron novios por ocho años. Desafortunadamente no se casaron porque eran muy jovencitos cuando empezaron la relación, pero el punto queda demostrado de cómo la persistencia da frutos. La oración es así, pensamos que no da fruto, pero poco a poco los vamos viendo si seguimos intentando.

Dios está siempre pendiente de todos nuestros pasos, nos conoce de arriba a abajo. No obstante, no está de más ventear en todo tiempo nuestros problemas con Él, porque nos dará las soluciones cuando menos nos lo esperemos. Sigamos importunándolo, para que nuestra vida de la fe se acreciente cada día más.